LA QUE QUIEREN PARA SUS HIJOS


Hace unos años vino al Perú el Dalai Lama. Recibió en una audiencia privada a un grupo de empresarios de los más importantes del país.
El Dalai Lama comenzó contándoles de su visita a la comunidad de Q’ero, en las alturas del Cuzco. Le había impresionado que esos campesinos tuvieran los pies tan maltratados, y les había dicho que usaran zapatos y medias.
Sin ninguna demagogia el Dalai Lama había señalado a la miseria del Perú. Con finura y elegancia auténticas les había recordado a los ricos que existen los pobres.
Uno de los asistentes preguntó, entonces, qué era lo que ellos, como empresarios, debían hacer por el Perú. La respuesta del Dalai Lama fue instantánea: “¡Sean felices!, porque si no lo son, sólo van a propagar infelicidad”.
Y prosiguió diciendo: “Educación. Tienen que llevarles educación a sus pueblos, pero la misma que quieren ustedes para sus propios hijos”.
Me impresiona mucho esta anécdota que me conto mi padre que asistió a esa reunión. Lo que el Dalai Lama le estaba pidiendo a los ricos del Perú era una especie de paternidad universal. El viejo tema está en las páginas más delirantes de la República de Platón, donde propone la paternidad universal de una generación sobre la otra; todos son hijos de todos.
Si algo de este sentimiento brotara en las clases altas peruanas, seguramente habría menos lujo; pero nuestro futuro como nación pacífica estaría mejor consolidado.
Escribo estas líneas después de unos días en Huancavelica. Las miserias del Perú impresionaron ya a Riva-Agüero. Hoy la venta de comidas y ropas de mala calidad, el engaño a los humildes del Perú no puede dejar de sublevarnos. Quizá por eso recordé lo del Dalai Lama y los zapatos de Q’ero.

ALBERTO BENAVIDES GANOZA

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