MANTENER CON VALENTÍA NUESTRAS CONVICCIONES


Una vez que haya un número suficiente de personas dispuestas a actuar,

podremos conseguir cambios que beneficien a todos los animales y a la Tierra.

 

Ser consecuentes con lo que decimos

 Cada día de vida es una prueba. ¿Somos realmente consecuentes con lo que decimos? ¿Ponemos en práctica lo que predicamos? ¿Pensamos alguna vez en las huellas que dejamos a nuestro paso por la vida? Y, sobre todo, ¿tenemos el valor de defender lo que creemos cuando los otros se ríen de nosotros o cuando nos amenazan? Si nos preocupa de verdad el mundo natural y el bienestar de los animales, debemos estar dispuestos a afrontar los desafíos que aparezcan en el camino, ya sean grandes o pequeños. Debemos defender nuestras creencias y, por encima de todo, ponerlas en práctica. No podemos desesperarnos, sino vivir con confianza en el futuro.

Una gran parte de la destrucción y contaminación del mundo se debe a razones absurdas, a la falta de educación y entendimiento. “Solo cuando entendemos algo podemos preocuparnos por ello”.

Pero la otra parte ha ocurrido de forma deliberada. Las empresas y los gobiernos realizan y apoyan acciones sabiendo muy bien cuáles serán sus consecuencias porque quieren ganar poder político, o por los beneficios económicos o corporativos que les reporta. A medida que la sociedad va tomando conciencia de esos planes, va aumentando la esperanza de poder presionar a los gigantes de la industria y el comercio, así como de cambiar la voluntad política. Hay tres formas de demostrar con palabras y actos que esto nos preocupa. En primer lugar, podemos protestar por medio de la difusión de información, participando en manifestaciones pacíficas y escribiendo cartas. Segundo, podemos negarnos a comprar productos de empresas con una mala política medioambiental o poco humanitaria, y podemos negarnos a ver programas de entretenimiento que incluyan cualquier forma de explotación cruel. Por último, y quizá la más importante, podemos intentar vivir nuestra vida como individuos dejando las mínimas huellas – haciendo todas esas pequeñas cosas que pueden hacerse para ahorrar agua y energía, reciclando y reutilizando, intentando no contaminar el mundo que todos compartimos.

Con frecuencia, antes de que la sociedad sea consciente de ciertos temas, hay personas que saben exactamente lo que está sucediendo pero no hacen nada. Sin embargo, siempre hay otros que levantarán la voz pase lo que pase, que se negarán a permanecer en silencio a pesar de las amenazas de muerte que reciban. Como fue el caso de Rachel Carson que fue amenazada con un juicio por algunos gigantes petroquímicos si se atrevía a publicar su libro Primavera silenciosa.

Ella sabía que sus datos científicos eran exactos y por eso siguió adelante y lo publicó; su impacto fue extraordinario, provoco el comienzo de nuevas investigaciones sobre los efectos de los pesticidas en la comida, en el agua subterránea y en la vida salvaje mundial. Rachel Carson fue la que abrió el camino.

Hoy en día, muchos de los proyectos que planean ciertas industrias unidas con los gobiernos salen a la luz y el público termina por enterarse, tanto usted como yo. ¿Nos atreveremos a ponernos de pie y hacer que nuestra voz se oiga? ¿Protestaremos contra la destrucción medioambiental o la crueldad una vez que nos hayan informado sobre el tema? ¿Decidiremos comprar productos fabricados por empresas con escrúpulos, aunque cuesten unos cuantos céntimos más? ¿Boicotearemos los productos elaborados por empresas que no tienen en cuenta el bienestar de los animales con los que compartimos este planeta? ¿Boicotearemos las actividades de ocio que supongan un daño físicamente para los animales o para su imagen? ¿Somos realmente capaces de mantener con valentía nuestras convicciones?

Fuente: Los diez mandamientos para compartir el planeta con los animales que amamos  / JANE GOODALL & MARC BEKOFF, activistas para la conservación de nuestro planeta.

¿Quiéres saber más?
Subcríbete para recibir nuestro boletín.